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CUARTO Objetivo del Milenio

Reducir la Mortalidad Infantil

El Cuarto Objetivo del Milenio plantea el desafío de reducir en dos terceras partes la tasa de mortalidad infantil para 2015. Planificar  esta meta involucra establecer un sistema de cooperación desde los países en mejor situación hacia los más desfavorecidos. Lo cual compromete algo muy complejo: impulsar una asociación mundial de desarrollo conjunto. 

Entre las principales causas que producen aun decesos en menores – tomando esto con referencia a nivel mundial-  se consideran previsibles enfermedades tales como:

- Neumonía

- Sarampión

- Diarrea

- Paludismo

Los números de casos  de diarrea, por ejemplo, son aún preocupantes  en países pobres, con baja infraestructura sanitaria. Anualmente fallecen 1,5 millones de niños, a pesar que existen procedimientos eficaces y económicos para tratarla.

Medidas simples como el empleo de agua potable o el lavado de manos, son efectivas para la prevención de estos cuadros.

Los mismos pueden reducirse en un 40% con esta simple práctica. 

UNICEF señala cinco elementos de prevención:

  • Alimentación continua con leche materna y suplementos con vitamina A

  • Vacunación contra sarampión y neumonía

  • Higiene de manos con agua y jabón

  • Aumento de consumo de agua con controles y mejora de su calidad

  •  Promoción primaria de la salud  en las comunidades

Respecto de la neumonía, las estadísticas revelan que mueren 1,8 millones de niños por año, por tanto es considerada la primera causa a nivel mundial de mortalidad infantil. Con un índice superior al SIDA, malaria o sarampión combinados. Son esenciales además del seguimiento de planes alimentarios o el cuidado de factores ambientales, los programas marco para la prevención de la gripe, principal desencadenante de esta grave afección respiratoria. Actualmente, los principales compromisos estatales consisten en preparar al personal del equipo de salud: un diagnóstico precoz efectivo facilita ampliamente que la enfermedad derive en mayor riesgo.

Si bien una vez detectada la infección puede tratarse con antibióticos, se estima que solo un 20% de los niños que la padecen pueden acceder a estos medicamentos.

No solo estas enfermedades preocupan torno a mortalidad en menores. Otra epidemia a atender es la desnutrición. Más de una cuarta parte de los niños del mundo que viven en países en desarrollo tienen un peso inferior al normal. Reproducido en cifras, la falta de una nutrición adecuada es responsable de la mitad de las muertes de menores de cinco años, unas 5,5 millones de vidas, según un balance reciente elaborado por UNICEF.

Los dos primeros años en un niño son fundamentales para el desarrollo no solo del cuerpo sino de su mente, la vulnerabilidad en esta etapa condicionará las posteriores en procesos ligados al rendimiento escolar, al aprendizaje. En América Latina las tasas por malnutrición no superan el 7%, razón que permite encender un leve optimismo respecto a cumplir la meta fijada del 2015, en la reducción de la mortalidad infantil.

Un factor que no puede dejar de mencionarse, es el flagelo del SIDA; su prevalencia parece haberse estabilizado según un  informe de ONUSIDA de Noviembre de 2009 -que incluye un mapa interactivo por país-, con una cifra mundial cercana a los 33,5 millones de personas, de los cuales aproximadamente el 8% son niños menores de 15 años. Esto forma parte de las políticas de prevención adoptadas desde 2006 desde ONU, pero la permanencia de conflictos económicos que padecen muchos países pobres,  es una amenaza permanente para estas cifras.

Lo importante a examinar acerca de este Cuarto Objetivo del Milenio, puede mediar entre tres aspectos:

La concientización respecto a la igualdad de género beneficia políticas que tanto en los planos económicos como educativos brinda un sostén concurrente hacia la supervivencia de millones de niños. Los cuidados abordados durante el embarazo, las campañas a favor de la lactancia materna, junto a una paulatina inserción de jóvenes y mujeres a puestos de trabajo, inciden de manera positiva en los ingresos de hogares pobres y por ende, favorecen el desarrollo de una niñez con mejores oportunidades.

La actual disponibilidad de vacunas contra la neumonía o la diarrea son recursos indispensables para ampliar estrategias que aseguren una mayor supervivencia infantil. Pese a esto, es lenta la incorporación en los planes de diversos Estados y el acceso para completar los planes requiere un monto que solo un porcentaje cercano al 10 % de familias en Argentina puede optar por pagar. Como dato destacable, en Méjico y Uruguay la vacunación contra la neumonía ha sido incorporada a los calendarios obligatorios nacionales.

Finalmente, un progreso sostenible hacia el futuro que permita constatar avances respecto a la disminución de muertes evitables en niños, requiere una fuerte inversión en formación de recursos humanos proveniente de diferentes estratos sociales y/o laborales, (tutores o personas responsables de familias, docentes, profesionales del ámbito de la salud, etc.), suministro de elementos básicos para la atención primaria y un sólido apoyo en la financiación a aquellos países cuyas infraestructuras sanitarias no son sino nuevos obstáculos para las sociedades que deben sustentarse en ellas.

La movilización de recursos sin embargo es dispar, a nivel mundial solo un escaso número de países considera necesario priorizar el derecho a la salud, lo cual debilita el espíritu de las metas del Milenio. En este sentido, es esencial una reorientación en la agenda mundial de la salud, en nombre de los más vulnerables.

Prof. Farm Silvia Chort

 

 

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