Educación para la Salud
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Día de la Declaración de los Derechos Humanos

10 de Diciembre

 

"La tolerancia hace posible la diferencia; la diferencia hace necesaria la tolerancia".

Michael Walzer

La reciente conmemoración del Día de la Declaración Universal de los Derechos Humanos nos permite reflexionar acerca del papel sustantivo de la pluralidad implícita en toda sociedad, debiendo esta diversidad ser protegida por instrumentos como los que propone la democracia, pero los cambios no solo se generan mediante una serie de convenciones, normativas regentes y procedimientos pautados sino que deben ser fundados en la visión indispensable del prototipo y/o paradigma de ser humano que se necesita erigir.

El papel gregario que le corresponde al hombre por antonomasia hoy se ve tergiversado por diversas amenazas que involucran a la discriminación, la segregación, la falta de acceso a necesidades elementales y en alto grado el abandono de personas.

En el sentido contrario, acciones que parten de la educación incitan a pensar el contexto en que vivimos no solo como el lugar en que desplegamos nuestra vida y en el cual nos cruzamos a diario con seres humanos que son distintos en sus criterios o acciones a las nuestras sino como el espacio que debemos preparar en nuestro mundo interior para descubrir, reconocer y aceptar las diferencias. Con este espíritu la educación no solo establece un puente de socialización sino que se identifica con una función transformadora.

Esta es solo una de las reflexiones que transmite aquella Declaración Universal de los Derechos Humanos celebrada en 1948. El 10 de Diciembre se conmemora la aprobación de la ONU de este código ético y jurídico ante las terribles vivencias acontecidas en la Segunda Guerra Mundial. Lamentablemente aún la Humanidad asiste a diversas brechas en aspectos de Salud y Educación y a diario se constatan violaciones a derechos representados por el terrorismo, la vulnerabilidad de las minorías, la disparidad en el desarrollo social en las naciones y otros tales como el maltrato inhumano, la tortura y los desafíos que se desprenden del dilemático papel de la Tecnología y la Genética, tanto para asistir como para invalidar prioridades y derechos de miles de seres humanos y que por tanto requieren nuevas regulaciones.

"Fuera de la sociedad el ser humano no es ni bestia ni Dios", decía Aristóteles, ¿y si es así, que papel le cabe? El surgimiento del término apartheid (término que en lengua africana significa separación y se aplicaba a establecer jerarquías sociales y jurídicas a grupos étnicos) se ha extendido en otras conductas, no es parte de un momento de la historia, subyace en muchos huecos de nuestras culturas y algunas veces nos define en nuestras decisiones y elecciones.

La contracara de estar o sentirse fuera de la sociedad es la pertenencia. Lejos de la sociedad el hombre es algo, no alguien.

Eps- Salud desea que este tipo de conmemoraciones genere una conciencia-creativa, que no solo analice los mecanismos que admiten aún hoy relaciones de inequidad, sino que cada uno de nosotros entienda que la trascendencia de estas declaraciones y argumentaciones solo puede manifestarse si educamos a los alumnos, familiares, profesionales, pacientes, etc. en el espíritu que manifieste una correspondencia con los derechos pero también con las obligaciones constitutivas del ser humano.

Palabras de Rodrigo G. Lopez en "Afirmar a la persona por sí misma" (Comisión Nacional de Derechos Humanos). 2003.

  • La conciencia primariamente significa un saber no-intencional. Esta conciencia posee un carácter reflejante respecto de toda actividad y de todo conocer intencional. Asimismo, la conciencia posee un carácter irradiante, es decir, posee a los objetos intencionales con la luz necesaria para que puedan reflejarse, para que podamos darnos cuenta de ellos.

De esta manera, la conciencia interioriza aquello que refleja e irradia. Interiorizar no significa otra cosa que tener experiencia del propio ser y de la acción en cuanto que nos pertenecen de manera personal.

El carácter reflejante e irradiante de la conciencia no indica aquí reflexión. La reflexión justamente será posible después, gracias a que existe un "lugar" al cual regresar: el dato provisto por el darme cuenta reflejante.

  • La experiencia del hombre no es un dato acabado en el plano cognitivo. Al contrario, toda experiencia de sí y de "otros-como yo" la enriquece en cierto grado. Esto no busca afirmar que la experiencia originaria del hombre sea dada por otro diverso a mí mismo. Lo que deseamos sostener es que la experiencia que provee la presencia del "yo" a mí mismo no es absolutamente heterogénea respecto de la experiencia que "otros-como-yo" me proveen.

Tanto la distinción y la diversidad como la unidad con los "otros-como-yo" colabora de diversos modos a construir intersubjetivamente la experiencia que poseo del humanum que yo soy".

 A continuación Eps- Salud comparte algunos documentos que tienen como prioridad la Educación en Derechos Humanos.

 

Promover el conocimiento y la educación acerca de los derechos humanos

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Naciones Unidas. Centro de Derechos Humanos. Serie de Capacitación Profesional, número 4. 1995. (fragmento)

La promoción es un término muy general y abarca una amplia gama de posibles actividades. Para promover los derechos humanos, las instituciones nacionales podrán dedicarse a:

  1. Informar y educar acerca de los derechos humanos;
  2. Fomentar el desarrollo de valores y actitudes que respalden los derechos humanos.
  3. Alentar las medidas que permitan defender los derechos humanos para que no se violen.

Para informar y educar hay que sensibilizar a la opinión acerca de los derechos humanos e impartir conocimientos al respecto. La protección de los derechos humanos depende de que las personas conozcan los derechos de que disfrutan y los mecanismos que existen para hacer respetar esos derechos. Análogamente, se deben hacer conocer a todos los miembros de la sociedad las responsabilidades que les incumben conforme al derecho internacional y al derecho interno, hacerles comprender que ellos mismos pueden violar los derechos humanos, pero que también pueden protegerlos. Además, se les deben señalar las responsabilidades que tienen con respecto a sus semejantes.

La información es esencial, pero no basta para crear valores y actitudes necesarios para el pleno disfrute de los derechos humanos. Para promover estos derechos es preciso desarrollar una cultura del respeto y la observancia de los derechos humanos a nivel nacional; una cultura en la cual el conocimiento de los derechos y las responsabilidades se vea reforzado por la determinación de llevar ese conocimiento a la práctica.

El respeto de los derechos humanos requiere una vigilancia constante a nivel interno y externo. A nivel interno, es preciso sensibilizar al individuo acerca de la posibilidad de cometer violaciones. A nivel externo, es preciso alentar a los grupos o individuos a defender los derechos humanos. Las medidas de defensa presuponen la existencia de mecanismos adecuados de protección y de programas encaminados a promover el conocimiento y la utilización de esos mecanismos.

A nivel internacional, muchas actividades de promoción de los derechos humanos se desarrollan por iniciativa de organizaciones intergubernamentales y no gubernamentales. Sin embargo, quienes se ocupan de los derechos humanos a nivel nacional, incluidas las instituciones nacionales, reconocen en general que la aplicación de las normas de derechos humanos deben promoverse sobre todo a nivel nacional. El mecanismo o la estrategia de promoción de los derechos humanos debe ser parte del compromiso que asumen los Estados respecto de sus obligaciones internacionales.

Educación y Derechos Humanos. Concepto y principios didácticos

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Educación y Derechos Humanos. Xesús R. Jares. Editorial Popular, 1999 (pag. 81 a 92)

Definición

Objetivos

Principios didácticos

3.1. Definición

Concebimos la educación para los derechos humanos como un proceso educativo continuo y permanente, asentado en el concepto amplio y procesual de derechos humanos --como tal ligada al desarrollo, la paz y la democracia--, y en la perspectiva positiva del conflicto, que pretende desarrollar la noción de una cultura de los derechos que tiene como finalidad la defensa de la dignidad humana, de la libertad, de la igualdad, de la solidaridad, de la justicia, de la democracia y de la paz. Como componente de la educación para la paz, la educación para los derechos humanos es una forma particular de educación en valores. En efecto, toda educación lleva consigo, consciente o inconscientemente, la transmisión. de un determinado código de valores. Educar para los derechos humanos supone educar desde y para unos determinados valores, tales como la justicia, la cooperación, la solidaridad, el compromiso, la autonomía personal y colectiva, el respeto, etc, al mismo tiempo que se cuestionan aquéllos que les son antitéticos, como son la discriminación, la intolerancia, el etnocentrismo, la violencia ciega, la indiferencia e insolidaridad, el conformismo, etc.

3.2. Objetivos

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Desde esta perspectiva, los objetivos prioritarios en todo proyecto de educación para los derechos humanos son:

Objetivos cognoscitivos:

- Comprender la noción de derechos humanos como un proceso histórico, expansivo e inacabado, identificando sus diferentes generaciones.

- Conocer la historia por la lucha por los derechos humanos y de las libertades fundamentales.

- Reconocer el articulado de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y de otras declaraciones internacionales con ella relacionada.

- Analizar los derechos humanos y las necesidades humanas básicas.

- Entender la noción de derechos humanos relacionada con la de desarrollo, democracia y paz.

- Percibir los derechos humanos como una construcción global y diversa, patrimonio común de la humanidad.

- Identificar las violaciones de los Derechos Humanos en nuestro país y en el mundo e indagar en sus causas y sus posibles alternativas.

- Conocer la labor de los organismos, colectivos, organizaciones no gubernamentales, personas, etc., que luchan en defensa de los Derechos Humanos.

- Comprender la dinámica y estructura del conflicto y la visión conflictiva de la sociedad, así como ejercitarse en las alternativas de resolución.

- Identificar las causas sociales que generan violencia.

- Comprender el significado "no sólo de los derechos sino de los deberes que tienen las personas, los grupos sociales y las naciones para con los demás" (Recomendación de 1974).

Objetivos actitudinales:

- Apreciar los derechos humanos como uno de los avances sociales más importantes de la humanidad.

- Valorar positivamente las organizaciones, individuos y estrategias de lucha tendentes a hacer desaparecer de la faz del planeta todo tipo de violencia.

- Sensibilizar sobre la violación de los derechos humanos y suscitar compromisos de acción, individuales y colectivos, para su erradicación.

- Ser conscientes de la doble moral en torno a los derechos humanos: lo que se proclama o legisla y lo que se practica.

- Favorecer una actitud positiva y de colaboración con las organizaciones de defensa de los derechos humanos.

- Ser críticos con las alternativas violentas a los conflictos y favorecer procesos de resolución no violenta de los mismos.

- Sensibilizar sobre la necesidad de unas relaciones interpersonales y de una convivencia asentadas en los principios consagrados en los derechos humanos.

3.3. Principios didácticos

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Para conseguir estos objetivos, el proceso educativo de educación para los derechos humanos se fundamenta en los siguientes principios:

1. Vivir los derechos humanos. Podemos decir que éste es el principio didáctico que más se resalta en la historia de esta dimensión educativa. La idea es tan clara como compleja: Más que reflexionar sobre los derechos humanos se trata de vivirlos en el centro. Vivencia que extendemos a todos los ámbitos de la acción educativa: metodología, organización, contenidos, etc. "La base de la educación se encuentra en la vida diaria de la escuela, donde los alumnos convenientemente dirigidos pueden aprender a pensar con sinceridad y fundamento, a enjuiciar las normas de la sociedad en la que vive y asumir deberes y responsabilidades hacia sus compañeros de estudio, sus familias, la comunidad en la que viven y más adelante, en la sociedad mundial" (Unesco).

[...]

2. Conexión con la vida real del centro y del entorno. No cabe duda que el primer principio lleva implícito este segundo. En efecto, vivir los derechos humanos significa, entre otras cosas, dar preferencia a los hechos cotidianos que se producen en el centro educativo como elementos didácticos de primera magnitud, tanto en su doble acepción de medio y objeto de aprendizaje. Es más, para que éste sea significativo consideramos necesaria esta relación continua entre la multiplicidad de significados de los derechos humanos y la vida real. Así, "los niños de todas las edades necesitan que la instrucción a recibir acerca de los derechos humanos se refiera continuamente a su vida y experiencia cotidianas. Para los más jóvenes, el espíritu de la escuela o de la clase y las relaciones entre alumnos y entre cada alumno con el profesor resulta más importantes que la adquisición de conocimientos" ( Unesco).

[...]

3. Importancia del ambiente y organización de la escuela: la organización democrática del centro. Sin duda es la educación para los derechos humanos el componente de la educación para la paz (EP) que más resalta este principio. "Al igual que en la enseñanza primaria, la organización, espíritu y ambiente del colegio son, en la enseñanza secundaria, componentes fundamentales de la educación en materia de derechos humanos. Los principios de los derechos humanos deben reflejarse igualmente, en todas las actividades de la vida cotidiana del colegio así como en las relaciones entre los profesores, alumnos y miembros de ambos grupos" (Unesco).

[...]

4. Educar para los derechos humanos es una educación desde y para la acción. Tal como se recoge en la Recomendación de 1974, la educación para los derechos humanos como parte de la educación para la paz es una educación desde y para la acción. Dicho en negativo, no hay educación para la paz y los derechos humanos si no hay acción práctica. Y ello en tanto en lo que se refiere a nuestro papel como educadores/as-ciudadanos/as, como en lo relacionado a nuestro trabajo con el alumnado. Para lo primero, presupone una invitación para reflexionar sobre nuestros comportamientos, actitudes y compromisos, sabiendo que cuanto más corta es la distancia entre lo que decimos y lo que hacemos, entre el currículum explícito y el oculto, más eficaz será nuestra labor. Para lo segundo, lejos de buscar la pasividad, tranquilidad, la no acción, etc, debemos dirigir nuestra acción hacia la formación de personas activas y combativas (Fortat y Lintanf).

5. Participación del alumnado en el "qué" y en el "cómo" del proceso de enseñanza-aprendizaje. La participación es, simultáneamente, un requisito y un valor en el proceso de enseñanza-aprendizaje desde la perspectiva democrática en la que se asienta la educación para los derechos humanos. Las estrategias didácticas fomentarán y se apoyarán en el trabajo en equipo, en la toma de decisiones consensuada siempre que sea posible, en la cooperación, etc. El alumnado debe ser "incitado a participar y a definir las condiciones del propio proceso de aprendizaje; la determinación de los fines; la elección de los métodos y la evaluación de los resultados" (Jares).

[...]

6. Educar para los derechos humanos presupone presentar una visión de la realidad cambiante y susceptible de transformación. Vinculada al principio de acción que vimos anteriormente, tenemos que incidir en la idea de que la realidad no es estable ni definitiva, sino cambiante y provisoria. De este modo podemos construir otro tipo de relaciones sociales.

[...]

7. Preferencia por los enfoques globalizadores e interdisciplinares. Tanto desde el punto de vista conceptual en el que se fundamentan los derechos humanos como desde el punto de vista didáctico, la educación para los derechos humanos exige enfoques globales e interdisciplinares, a través de los cuales se pueda aprehender la complejidad de la temática que nos ocupa. Este principio forma parte también de las propuestas didácticas de la educación para los derechos humanos desde su inicio.

[...]

8. Coherencia entre los fines y los medios a emplear. Enfatizado desde la ideología no violenta como un aspecto central de la misma y asumido por la educación para la paz y los derechos humanos, este principio resalta la necesidad de coherencia entre aquello que se pretende conseguir y los medios a emplear. Frente a la cultura dominante del todo vale, del fin que justifica los medios, este principio resalta que la elección de éstos no es una cuestión secundaria sino que se sitúa al mismo nivel que los fines. Como decía Gandhi "el fin está en los medios, como el árbol en la semilla".

[...]

9. Combinación de enfoques cognoscitivos y afectivos. Es uno de los principios didácticos que más se ha resaltado en esta tradición educativa desde los años setenta. En efecto, desde esa década se ha comprobado que la vertiente intelectual del proceso de enseñanza aprendizaje no se puede separar de su componente afectivo y experiencial; ambos procesos van unidos y ambos procesos son necesario para interiorizar los valores de una educación para la paz y los derechos humanos. Por eso debemos ser críticos con las formulaciones que sólo mencionan la información: "La información es esencial, pero es sólo un primer paso" (Classen-Bauer).

 

Opciones de educación en la justicia y la solidaridad

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Educar en la justicia y la solidaridad. Oriol Ràfols y equipo Plajis. Salesianos, Barcelona, 2004 (p. 17 y 18)

En Internet: www.plajis.net

Para desarrollar este proyecto se han tenido en cuenta diferentes posibilidades, y como resultado de la reflexión llevada a cabo se han escogido las siguientes opciones educativas:

a) La persona es la protagonista de su formación. La persona concreta, de una edad y de unas características determinadas, es la que va madurando y creciendo, y es en dicho proceso que va descubriendo, haciendo suyos y realizando unos ciertos valores. Finalmente, será ella la que optará por unos valores u otros y los incorporará a su proyecto de vida. De hecho, los valores no son el objetivo de la educación, sino que el objetivo es el pleno desarrollo de la persona. Los valores son, pues, estímulos y pistas que ayudan en dicho proceso de desarrollo personal.

b) Es un proceso dialógico entre la persona y la comunidad que propone los valores. La persona no saca los valores de la nada, sino que los descubre en su entorno, en las personas con quien se siente vinculada y en la comunidad donde vive. Pero la persona tampoco encuentra los valores ya listos y acabados de modo que ya no tiene nada que hacer, excepto esforzarse para asumirlos. La persona se va construyendo en la medida que escucha las diferentes propuestas de valores que se le hacen y es capaz de valorarlas críticamente: integrando en un proyecto personal coherente todo lo positivo que descubre y rechazando aquellos valores que degradan a la persona.

c) Cuentan todas las dimensiones: tanto los sentimientos que nos motivan a actuar, como los conocimientos que tenemos, como las habilidades para hacer tal cosa o tal otra. Los valores no son simples ideas, sino que tienen un estrecho vínculo con el mundo de los sentimientos: los valores indican intereses, deseos, ilusiones... Ahora bien, tampoco son simples sentimientos, sino que orientan hacia una cierta dirección y son criterios para juzgar y evaluar. De los valores se puede sacar el conocimiento de lo que está bien y de lo que no lo está. Y aún, por su condición de motores de la acción personal, están muy relacionados con ciertas habilidades y modos de actuar que permiten llevar a cabo o hacen fracasar lo que nos proponemos.

d) Sigue la evolución de la persona, y tiene en cuenta las capacidades propias de cada edad. Para ayudar a la persona a crecer hay que aprovechar las posibilidades de cada momento evolutivo. Y hay que hacerlo en dos sentidos: haciendo de ellas un aprovechamiento «instrumental» que sirve para preparar la siguiente etapa evolutiva, pero también -lo cual es muy importante- haciendo de ellas un aprovechamiento «finalístico», es decir, válido en sí mismo en esta edad concreta. Ya que serán las capacidades concretas de la edad, no otras, las que permitirán a los chicos y chicas vivir felices ahora. Esta experiencia positiva de las propias posibilidades, no sólo como instrumento para madurar en el futuro, será la condición básica para cualquier opción exigente que se quiera plantear.

e) Parte de la vida para enriquecer la vida. La educación en valores no es una simple tarea teórica, sino que en ella está implicada la persona entera y su entorno. Es preciso, pues, partir de la situación personal y de los contextos concretos donde se encuentra la persona, y ofrecer herramientas para ayudar a interpretar y analizar críticamente la experiencia que se está viviendo y pistas para encontrar un modo de responder a todo ello. Esto implica aceptar de entrada y sin condiciones a las personas y las situaciones en las que se encuentran, para buscar más tarde posibilidades de crecimiento. Quiere decir también aceptar la existencia de conflictos y tensiones: entre la realidad y el deseo, entre diferentes valores... Sólo viviendo a fondo la experiencia, tanto el rostro positivo de los valores (lo que sí queremos) como también su rostro negativo (lo que no queremos), las personas pueden decidir de forma plenamente consciente.

f) Pretende transformar la realidad social. El trabajo en valores encuentra su pleno sentido cuando se ponen en marcha acciones que transforman el entorno social. Hay que hacer frente, pues, a las situaciones concretas de injusticia y de insolidaridad, y denunciarlas; y también hay que buscar alternativas posibles y ponerlas en funcionamiento. La acción llevada a cabo, debidamente revisada, puede llegar a ser una valiosa referencia de cara al futuro, para continuar o para modificar la línea de acción emprendida. Esta tarea, por su dimensión y complejidad, pide además la colaboración de varios esfuerzos y una cierta capacidad de espera más allá de los resultados inmediatos.

g) Implica una revisión de las estructuras educativas para que sean también justas y solidarias. No sería posible educar en valores si las estructuras responsables no tuviesen ellas mismas fuertemente arraigados los valores y suficientemente desarrollados los mecanismos que hacen posible vivirlos. Lo primero para trabajar a favor de la justicia y la solidaridad es velar para que los centros educativos sean acogedores, generadores de confianza, participativos, igualitarios, democráticos, solidarios, ecológicos... Sólo la revisión habitual de estas estructuras permitirá educar realmente en valores.

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